Al diablo la industria nacional: God save the Queen

Al diablo la industria nacional:                  God save the Queen

Argentina nunca pudo revertir el estatus de economía semi-industrial dependiente, como alguna vez afirmó el economista Aldo Ferrer. Historia de ideas, bocetos y fragmentos industrialistas dentro de una novela marcada por la división internacional del trabajo.

Escribe: Rosendo Pío Gabino

Las ganas de pertenecer

La película vuelve a correr. La imagen considerada obsoleta resurge y se proyecta una vez más. Su estatus infame es eterno. Ayer y hoy lacera la dignidad del trabajo argentino.
Como espectros, las canallas sillas importadas atraviesan el portal y se corporizan. Invocadas y reanimadas por lacayos maduros y su herencia; sectaria, servil y egoísta que se alistan para devorar a los embriones nacionales.
El plan es volver a refundar la Argentina del centenario; la sexta potencia mundial, exclusiva, impoluta, del mejor linaje,
solo sangre azul, sin dilución: un principado de Mónaco en el sur.
La liga patriótica, la ley de residencia y las eternas dieciocho horas de trabajo, entre otras, son añoradas por los apellidos patricios que siguen saciando su apetito goloso  y acumulador de riquezas. Continúan el mandato de los fundadores de la república. Hoy perpetuados bajo el mármol en la Recoleta. Tierra Santa para el descanso de las “glorias”.
Un país glam al servicio de las fuerzas liberales internacionales. El viejo sueño de ser parte del Commonwealth late fuerte en los corazones de la chantocracia. ¿La Patagonia Commonwealth?
—¿Te imaginás el pabellón nacional con la enseña británica en el vértice superior izquierdo? —dice un tal Pinedo.
—Para, para, que me haces emocionar —responde con un nudo en la garganta un rastacuero llamado Amadeo.
Pensar que el gaucho pampeano usaba poncho inglés, ¡genial! Eso es glam. Entonces le mandábamos la lana, los cueros y ellos… claro; listo para usar. Alguien dijo: ¿supermercado del mundo?

Yo le hablo de Corea y este de limones 

El panorama de los últimos dos años es poco alentador, o mejor dicho, tiene mal aliento. Arsat uno y dos fueron entregados en ofrenda al gran diario argentino. El tres congelado y puesto en subasta. La CNEA está a dieta obligatoria con la quita presupuestaria del 36,4 por ciento para el año 2018. La fábrica de pólvora FANAZAUL cerrada: ¿negocios inmobiliarios? Los proyectos de mantenimiento naval quedaron en mute.
Estos son los casos más paradigmáticos porque afectan sobre la materia gris de nuestro desarrollo técnico-industrial. El mundo “civilizado”, la vanguardia, está más allá de la fábrica (hoy término casi obsoleto). Desde hace décadas el plato gourmet son los servicios. Sí pipistrela. Hoy venderte la máquina es accesorio. Lo jugoso es que tengas al chino en la pieza de tu casa y te diga —toca botón lojo.
Mientras el chino te agarra la mermelada de la heladera o te usa el baño, Mau sale a vender fruta por el viejo mundo: ¿acaso los limones no fueron un “hitazo”? Bueno…, acá también vende fruta, media pasadita eso si.
Hoy el escritorio está ordenado, limpio. El lápiz sin punta. No hay garabatos industrialistas sobre el papel. El cesto vacío de ideas y proyectos iniciales. En este contexto las mentes se paralizan, las máquinas quedan en silencio. Esta es la decisión del PRO y sus siervos genuflexos alguna vez díscolos y radicales.
El sector industrial pisa sobre un pantano lleno de fuegos fatuos. La amenaza ya se transformó en acción. Las primas sillas nacionales sucumbieron. La masacre está en puerta.
Parte del terreno alguna vez fértil hoy comienza a ser estéril.

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